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Presentación

Comienzo a revisar las obras épicas. Mi idea es estudiar la continuidad de un orden vertical-jerárquico-violento que se ha mantenido prácticamente sin cambios desde el surgimiento de la civilización (hace poco más de cinco mil años, hay quien afirma que son 7 mil años). La hipótesis que orienta el estudio es que el paradigma de civilización con el que la humanidad se ha desarrollado, desde sus orígenes y hasta la actualidad, está fundamentado en relaciones violentas (verticales y jerárquicas) como medio para garantizar de prisa un orden de cosas. Esto se puede ver en las obras épicas que, de alguna manera o de otra, han justificado la violencia, pero al mismo tiempo la evidencian. 

En las obras épicas, está presente la idea de que la violencia es el medio para alcanzar la justicia, la libertad y la paz. Me explico, la épica sostiene que un líder bueno lucha para derrotar al líder malo y llega a poder. Como es bueno actúa con rectitud, honorabilidad y justicia. Pero todas las obras épicas concluyen en la llegada de ese líder bueno al poder. En algunas obras recientes, se han hecho planteamientos críticos a este supuesto. “The Hunger Games”, evidencia que después de haber derrocado al malvado presidente Coriolanus Snow, se autoproclama la presidenta Alma Coin quien restituye el orden anterior, razón por la cual la heroína Katniss Evergreen la asesina con un flechazo en su corazón. Pero ella no toma el poder. No hay más reflexión de parte de Suzanne Collins. La única obra épica crítica que conozco es “A song of ice and fire” en la que Goerge R.R. Martin reflexiona sobre el hecho de que no es suficiente ser un líder bueno, para poder actuar con justicia y honorabilidad. Él mismo, en una entrevista con la BBC señala: “…lo que quiero mostrar es que, si te fijas en la historia real, algunos reyes que son buenas personas se meten en problemas tratando de hacer buenas acciones, pero hacer buenas acciones aliena a grupos poderosos para quienes esas acciones deberían ser buenas y no lo son particularmente. Así que se alzan y se rebelan”. Si bien la obra de Martin no ha sido concluida, en “Game of Thrones” el final, terriblemente anticlimático, se introduce en el problema de la sustitución en el poder. Se burlan no sólo de la ambición del poder de Edmure Tully quien se autopostula como rey, o de la propuesta democrática de Samwell Tarly; queda la propuesta de Tyrion Lannister quien postula a Bran Stark, el Cuervo de tres ojos, quien es la memoria de la humanidad. Como no podrá tener descendencia, a su muerte, los señores se reunirán para elegir a un nuevo rey y servir al pueblo; a esto se añade que las casas reinantes se quedan en sus respectivos reinos y Jon Snow, rompe la barrea del muro e introduce a los salvajes al reino del norte. 

Martin en la misma entrevista reflexiona hablando de The lord of the Rings, “al final Aragorn es el rey y solamente se dice que gobernó sabiamente durante cien años. Porque es un buen hombre. Él es Aragorn, un buen tipo. Pero si te fijas en el mundo real, en la historia real o en la edad contemporánea, ser un buen tipo no es suficiente ¿Cuál era la política de impuestos de Aragorn? ¿Cómo lidiaba cuando había una sequía y la gente se moría de hambre? ¿Confiscaba la comida a los ricos para dársela a los pobres? No lo sé, nunca escuchamos sobre decisiones de gobierno que Aragorn tuviera que tomar “. Creo que los protagonistas en la obra de Tolkien no son los humanos sino los hobbits, quienes tienen cualidades especiales para lidiar con el poder, simplemente no les interesa y lo que más se reflexiona en la historia del anillo, es la imposibilidad que tenemos para lidiar con el poder, que al final termina corrompiendo a cualquiera. Los hobbits aman fumar pipa, escuchar historias, beber cerveza y los placeres sencillos de la vida. Samwise Gamgee lo reconoce que ellos no están para las grandes las grandes historias que son contadas en los grandes salones. 

La justificación de la violencia, como el método para encontrar la paz, está presente en la primera epopeya de la humanidad, el Poema de Gilgamesh, que fue escrito hace cinco mil años. La idea no suena descabellada, con la violencia que se puede eliminar el mal. Las obras épicas hacen una personificación del mal. Es lógico pensar que, eliminando a ese ente, el bien queda automáticamente restituido. Ese hecho no sólo justifica la violencia, sino que también sirve no sólo para justificar sino también para legitimar un orden de cosas. Y sea cae en una conclusión simplista del fueron felices para siempre. De ahí la importancia que hace Martin en la que incorpora la visión que nos proporciona la historia en la que queda expuesta la tragedia humana inmersa en los terrenos de la contingencia y el absurdo. Lo más importante, se abre la posibilidad de ver con ojos críticos a la violencia que, al final, no elimina al mal y nos demuestra que un líder carismático, bondadoso, honesto y leal no es suficiente. La mirada se dirige ahora hacia nosotros mismos, para vernos como agentes de la historia. Queda expuesta la comodidad de dejar la responsabilidad del destino de los pueblos en los líderes carismáticos donde a todas luces, eso no es suficiente. 

Todos quienes hemos tenido una relación profunda, podemos darnos cuenta que no es suficiente jurar amor y fidelidad eterna, para llegar al … y vivieron felices para siempre; sino que aquello que se veía como final, es apenas el comienzo de las negociaciones, diálogos y acuerdos que permiten ir construyendo ese estado de paz y alegría que se puede vivir en una relación. En ese sentido, va la propuesta de Tyrion Lannister, donde mediante la conversación, los señores eligen al rey de King’s Landing, pero que es preciso que ponerse al servicio del reino para que las cosas funciones y el reino no es el rey, el reino son las personas desde los lores más encumbrados hasta el más humilde esclavo.

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